Es la hora del combate
Es esta la hora del dolor y del recuerdo.
Los ojos de los caídos nos ven.
Los oídos de los asesinados nos oyen.
Las manos de los torturados de los mártires
Levantadas claman con la luz de su sangre.
Pero julio y agosto ha llamado al pueblo
Y el pueblo ha estado en las calles,
Con sus banderas en alto,
Con sus voces en alto,
Con sus puños en alto,
En las ciudades, los valles y las montañas
Y con pasos de banderas ha reunido
Los amaneceres, las amapolas ensangrentadas,
Y ha llamado a repique de campanas libertadoras.
Ha gritado en medio de los gases lacrimógenos
“nos tienen miedo porque no tenemos miedo”.
Las gloriosas Fuerzas Armadas se llenan de más gloria:
Han asesinado a Obed Murillo Mencía
A Pedro Magdiel Muñoz, a Roger Bados,
A Roger Abraham Vallejo Soriano,
Jhonnatan Osorio
Esparciendo el metal de su sangre ardiente
Por las calles y la campiña. Así se han llenado
De más gloria las gloriosas, así los jerarcas militares
Agregan más chapitas a su lista interminable
de condecoraciones inmundas,
Así han vuelto a disfrutar del llanto por los caídos.
Las gloriosas cada vez más gloriosas, más heroicas
En contra de del pueblo desarmado,
Más valientes frente a las mujeres
Que levantan banderas,
Invencibles en la violación de mujeres.
He visto la barbarie con mis ojos,
Con mi corazón que también ve con ira.
He visto las botas llenando de congoja al pueblo
Y he oído el desgarrador grito de angustia
Y de cólera sostenida que recorre el espinazo de Honduras.
Pero no vamos a llorar,
No vamos a inundar la patria de lágrimas
Porque esta es la hora de la verdad, la hora del pueblo,
Y te llamo a ti, a todos, a todas
A que recordemos pero que elevando los puños y las voces
Levantemos a los muertos y marchemos
-ellos al frente- a tomarnos la patria
Que nos han raptado.
Es la hora del combate.